Cuestionamientos en el siglo XXI
Es normal que un ser humano se cuestione su vida y sus creencias. Después de todo, nada en la vida es de un solo color y todos cambiamos de opinión basados en una serie de argumentos o conocimientos sobre ciertos temas. Creer en algo ciegamente, es lo más errado que un ser humano puede hacer. Creer ciegamente en otro ser humano es mil veces peor.
¿De dónde viene esa costumbre de acobijarnos a la sombra de una creencia y no cuestionarla porque parece tener sentido común y parece ser la verdad absoluta? Los seres humanos cambiamos y algunos aun creen en aferrarse a algo, porque es lo único seguro.
No hay verdades absolutas de nada que provenga del ser humano, solo dudas y subjetividad. Cosa que no es mala, para nada. La vida es un completo proceso de aprendizaje donde nunca dejamos de aprender algo. Donde siempre podemos elegir que experimentar y aprender cosas de ello.
En pleno siglo XXI me parece increíble como algunas personas siguen aferradas a ideologías atrasadas. Cuando más que nunca, ahora se necesita un cambio de conciencia y cuestionarnos más, el mundo en que vivimos, nuestros propios valores y nuestra rutina diaria.
¿Es cierto lo que dice nuestro gobierno? ¿Alguna verdad en lo que oimos las noticias diarias? ¿Todo lo que doy por sentado en realidad tiene algún sentido en la realidad? ¿Es correcto lo que pasa a mi alrededor? ¿Qué es correcto y que es errado?
Mucho ha sucedido en el siglo XX para asentar las bases de un cambio de conciencia a nivel de toda la sociedad. Han habido muchos cambios. Con un ejemplo simple, décadas atrás el machismo era una forma “normal” de ver la vida misma, los gays eran despreciados por ser diferentes y la xenofobia podía justificarse. Actualmente, estos conceptos han cambiado hacía una idea fundamental: Tolerancia y aceptación.
Las mujeres han ganado campo en muchos aspectos de la sociedad así como su igualdad con el género masculino no es tema de debate sino una realidad. En muchos países, la legislación de gays ha avanzado, independientemente si se está de acuerdo o no, muchos aceptan que los homosexuales merecen ser tratados como cualquier otro ciudadano. Sobre la xenofobia, que en muchos sitios se puede pagar hasta con cárcel.
Pero aun queda mucho por hacer. Porque muchos sitios aun, muchos países donde las mujeres aun no reciben trato igualitario, sitios donde se discrimina a los gays o a un grupo etnico específico. Queda un largo camino, pero se debe confiar que siga sucediendo el despertar de las conciencias.
Un lugar donde todos seamos iguales, respetados en nuestras diferencias y donde no seamos discriminados por pensar distinto. Ese es el mundo que yo sueño y que lamentablemente, aqui desde Caracas, Venezuela aun falta mucho por avanzar. Donde eres desacreditado por opornerte al gobierno, donde la campaña comunicacional es un verdadero frente de lucha militar para combatir y no informar. Desmentir todo lo que les haga quedar mal (al gobierno) y condenar a todo aquel que no comulgue con ellos.
Donde cada comunicado pretender vanagloriar el sistema auto-elogiandose como justo, inclusivo y participativo. Buscando alienar a las personas en contra de enemigos abominables. Pero que rayan en la hipocresía, cuando la careta cae al piso y quedan revelados como cualquier otro sistema corrupto, igual de perversos que los enemigos que ellos denuncian, deseosos de poder y para nada diferente a lo que hemos visto a través de la historia de la humanidad.
He llegado a pensar, que los líderes actuales no se pueden catalogar en buenos o malos. Sino, menos peores que otros. Como una Novela Negra, donde no hay héroes, no hay moral y en todos los personajes hay algo siniestro, un poco de maldad. Donde cada uno de ellos, vela por sus intereses y se las arregla cada dia para convertir asuntos de egolatría personal en problemas de todos. Personas que se las arreglan para jugar con nuestra ignorancia.
No creo en poderes, en ejes, en usurpadores que se hacen llamar la voz del pueblo y que detrás tienen todo maquinado, preparados para atacar a quién se atreva a cuestionarle. No creo en que todos deberíamos ser adoctrinados y rendir tributo a ningun dios absurdo como el Becerro de Oro. No creo en los ciudadanos sirviendo al estado, sino el estado sirviendo a sus ciudadanos. Aun tengo algo de fe en la humanidad, pero en el poder de las personas individuales, en las conciencias que despiertan del letargo. Creo en la pureza del corazón, en aceptarnos y en la tolerancia.
No creo en ideologías fracasadas del pasado, no creo en la explotación del resentimiento para la creación de más odio a nuestros semejantes. No creo en la humillación o la violencia, creo en la reunificación y creo en la solidaridad. Creo que antes de ser cualquier cosa, somos seres humanos y nos debemos convivencia.
Y me niego a que cualquiera me catalogue de fascista, golpista, pitiyanki o guarimbera. Se quién soy y ninguno de ellos puede reducir mi persona y capacidad de pensar libremente a una serie de pocos adjetivos denigrantes viciados con mentiras.


